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Estrategias de inversión

     
      Existen multitud de estrategias de inversión, y no creo que ninguna de ellas sea la ideal para todo el mundo. Cada una tiene sus ventajas y sus desventajas, sus riesgos y sus objetivos de rentabilidad. Cada inversor debe elegir la estrategia o estrategias que mejor se adapten a sus deseos y filosofía de vida, dependiendo de múltiples factores. No hay porqué elegir una única estrategia, pueden combinarse varias de las presentadas aquí o en cualquier otro lugar.



     
  • Compras regulares a largo plazo: Es una estrategia a muy largo plazo (mínimo 15 ó 20 años). Consiste en realizar compras a intervalos regulares de tiempo, por ejemplo una vez al mes, o cada 3 ó 6 meses. El objetivo es formar una cartera de valores diversificada, en distintos sectores y valores. La selección de sectores (bancos, agua, gas, electricidad, inmobiliarias, operadoras de telecomunicaciones, energía, autopistas, etc.) y de valores se realiza según el análisis fundamental, dando una importancia primordial a la rentabilidad por dividendo. Únicamente deben comprarse valores con un buen historial de dividendos y beneficios, y que por supuesto tengan perspectivas de mantenerlo. Para ello hay que elaborar una lista de valores y seguirlos de forma periódica, buscando en cada momento los que tengan un PER y una rentabilidad por dividendo más favorable. El objetivo es lograr una buena revalorización del capital invertido, aunque no espectacular, y una renta que crezca por encima de la inflación. Esta renta puede reinvertirse en futuras compras o utilizarse para el consumo personal.
          Esta estrategia es válida tanto para el que disponga de un capital en liquidez para invertir como para el que desee dedicar una cantidad mensual de sus ingresos futuros al ahorro.
          Con esta estrategia se logra tanto una diversificación de activos (en los distintos valores que irán componiendo la cartera), como una diversificación temporal, ya que las compras se realizan a lo largo de un espacio temporal muy amplio, eliminando la posibilidad de una gran bajada del mercado justo despues de haber invertido todo el capital de una sola vez, o en un espacio temporal muy reducido.
          Al realizar compras espaciadas cada x tiempo, sin valorar si la Bolsa está cara o barata, se está asumiendo que en la práctica es muy difícil determinar los movimientos a corto/medio plazo de la Bolsa, y además que los valores sólidos a muy largo plazo son una muy buena inversión. Esta forma de comprar poco a poco da muy buenos resultados, pero siempre que se compren valores muy sólidos y a muy largo plazo. Si no se cumple alguna de estas dos condiciones esta estrategia no es válida y no tiene sentido intentar aplicarla. El inversor que sea capaz de determinar, con un porcentaje alto de aciertos, los movimientos de la Bolsa obtendrá un mejor resultado haciendo las compras en los momentos que él considere oportunos, pero para un inversor medio esa tarea no es fácil. Cuando se invierte a muy largo plazo es mucho peor perderse las grandes subidas que aceptar bajadas temporales de la valoración de la cartera.
          En esta estrategia sólo se recomienda vender un valor cuando sus datos fundamentales se hayan deteriorado de forma grave y permanente. Si la selección de valores se realiza de forma rigurosa y prudente, las ventas deberían ser mínimas.

  • Compras discrecionales a largo plazo: Esta estrategia es muy similar a la anterior. La diferencia está en que el inversor elige siempre el momento de la compra. De esta forma, un inversor experimentado puede obtener una rentabilidad superior que con la estrategia anterior, si acierta en los momentos de compra. Se corre el riesgo de no elegir bien esos momentos y perderse subidas importantes. Una buena solución de compromiso, si el capital y los ingresos lo permiten, es combinar ambas estrategias, dedicando un porcentaje del capital y/o ingresos a cada una de ellas.
          Al igual que la estrategia anterior los mejores resultados se obtienen cuando se invierte a muy largo plazo, pero esta puede utilizarse en plazos más cortos, siempre dependiendo de los conocimientos del inversor.

  • Rotación de valores: Tiene un objetivo temporal de medio plazo, entendiendo por tal entre 1 y 5 años. Básicamente consiste en vender valores que creemos sobrevalorados para comprar otros que consideramos infravalorados. El dividendo y los beneficios siguen siendo fundamentales. Requiere un mayor conocimiento, ya que no sólo hay que tomar las decisiones de compra de forma discrecional, sino que es necesario evaluar de forma regular las distintas alternativas y decidir si se cambian los valores que se tienen en cartera por otros o se siguen manteniendo. Si la estrategia se ejecuta con éxito se obtendrá una revalorización del capital y unas rentas procedentes de los dividendos superiores a las 2 primeras estrategias. Conseguirlo, sin embargo, requiere un mayor trabajo y conocimiento. Debe tenerse en cuenta que los costes fiscales son superiores, debido a las ventas de valores.

  • Crecimiento: Consiste en invertir en las llamadas “empresas de crecimiento”. Se llaman así porque sus beneficios crecen, o se espera que crezcan, a una tasa muy superior a la del conjunto del mercado. Un ejemplo típico serían las empresas de restauración (McDonalds en Estados Unidos, Telepizza en España) en sus primeras fases de expansión. Supongamos 2 empresas, A y B. Ambas tienen un beneficio por acción de 1$. La empresa A es una empresa sólida de un sector maduro. Su riesgo es muy bajo y sus beneficios crecen a una media del 10% anual. La empresa B es una empresa de crecimiento, de alto riesgo y cuyos beneficios crecen a una media del 25% anual. El primer año la empresa A cotiza con un PER (cotización/beneficio por acción) de 15 y la empresa B cotiza con un PER de 25, ya que se espera que sus beneficios crezcan a un ritmo superior en el futuro. En los siguientes 10 años ambas mantienen sus crecimientos del 10% y el 25% y en el mercado siguen cotizando con la mismas tasas de PER (15 y 25). Al cabo de esos 10 años la empresa A tendrá un beneficio por acción de 2,59 $ (1 * 1,10^10) y la empresa B tendrá un beneficio por acción de 9,31 $ (1 * 1,25^10).

    Empresa BPA año 1 Cotización año 1 PER año 1 y 10 BPA año 10 Cotización año 10
    A 1$ 15$ 15 (15/1) 2,59$ 38,85$ (15 x 2,59)
    B 1$ 25$ 25 (25/1) 9,31$ 232,75$ (25 x 9,31)

          El primer año, y atendiendo únicamente al PER, la empresa de crecimiento B aparentemente estaba mucho más cara que la acción A. Pero al cabo de 10 años, y debido a la impresionante marcha de sus beneficios, lo que parecía caro en un principio resultó ser “un chollo”. La acción A ha tenido un buen comportamiento, pero la B la ha superado por un amplísimo margen. Incluso, aunque al cabo de 10 años la empresa B estuviese llegando a su madurez y a partir de ese momento se descontase un crecimiento similar a la empresa A, y por tanto se pagase por ella el mismo PER, 15 en este caso, su cotización sería 139,65$ (15 x 9,31).
          La dificultad de esta estrategia está en las probabilidades de que la empresa mantenga su ritmo de crecimiento de benficios. La empresa A (piénsese en un banco comercial o una eléctrica) tiene muchas probabilidades de responder a las expectativas; podría crecer al 10%, al 12% o al 6%. En cualquier caso las posibilidades de ganar dinero son muy altas, aunque a priori sea imposible determinar si la próxima década va a ser muy buena (12% de crecimiento) o simplemente aceptable (6%). Sin embargo las probabilidades de que una empresa de crecimiento cumpla con lo previsto son mucho más bajas. Mientras algunas lo consiguen (e incluso superan lo previsto) otras se encuentran con que al cabo de unos años no sólo no han crecido al ritmo previsto sino que su beneficio por acción ha bajado, por ejemplo de 1$ a 0,50$. En ese caso lo más probable es que el mercado deje de considerarlas empresas de crecimiento y pasen a ser empresas en dificultades, por lo que si pasasen a pagarse a un PER de 8 su cotización sería de 4$ (8 x 0,50). En este caso el descalabro es enorme, al pasar de 25$ a 4$. En casos extremos, aunque ni mucho menos imposibles, la empresa puede quebrar y desaparecer.
          Por tanto, en este tipo de estrategia es imprescindible tener un gran conocimiento de las empresas y los sectores en los que se invierte. Igualmente hay que realizar un seguimiento mucho más cercano y exhaustivo de los resultados que vayan publicando las empresas trimestre a trimestre, con la idea de salirse lo antes posible cuando la empresa empiece a dejar de cumplir con lo que se esperaba de ella. En cualquier caso, y por muy bueno que sea el inversor, hay que estar preparado para vender algunos de los valores que tengamos en cartera aceptando perder una parte de la inversión inicial. Esto no es fácil de aceptar psicológicamente, pero es prácticamente imposible acertar el 100% de las ocasiones. En caso de tener éxito con esta estrategia la revalorización del capital será muy superior a la estrategia de comprar y mantener valores sólidos. En este tipo de estrategia el dividendo tiene muy poca o ninguna importancia, ya que habitualmente estas empresas no reparten dividendo, debido a que invierten todos sus beneficios en el futuro crecimiento de la empresa. Por esto mismo no es válida para aquél que desee obtener una renta de forma regular.
          Uno de los máximos exponentes de esta estrategia es Peter Lynch.

  • Momentum: En esta estrategia se compran los valores más de moda, los que suben más rapidamente en cada momento. Para ello se utiliza el análisis técnico, el seguimiento de los flujos de dinero, etc. Los fundamentales de la empresa, dividendos, balances, etc. no son útiles en este caso. Aunque las posiciones pueden mantenerse durante semanas o meses hay que hacer un seguimiento constante de la cotización, ya que es imprescindible entrar y salir con mucha rapidez. Está más cerca del trading que de la inversión. Un ejemplo reciente podrían ser las empresas tecnológicas a finales de los 90.

  • Valores cíclicos: Los valores cíclicos no son una buena opción para la inversión a largo plazo porque su historial de beneficios está lleno de grandes subidas y bajadas. Es normal que una empresa cíclica gane la misma cantidad de dinero que hace 10 ó 20 años, tan normal como que de un año para otro multiplique sus beneficios por 4 para despues perder dinero dos años más tarde. Debido a esto sus dividendos son inexistentes o sufren los mismos altibajos que los beneficios. En los malos momentos las cotizaciones sufren auténticos desplomes. Sin embargo durante la parte buena del ciclo sus cotizaciones suben mucho más que las de las empresas sólidas. Cuando se invierte en cíclicas el objetivo es acercarse lo máximo posible a comprar en la parte baja del ciclo y vender en la parte alta. Para ello hay que conocer muy bien el sector al que pertenece la empresa desde el punto de vista fundamental o utilizar el análisis técnico. Por muy bien que se dominen cualquiera de las 2 técnicas siempre hay que preveer que podamos estar equivocados, por lo que es necesario establecer una estrategia para salir en caso de que las cosas no marchen como esperamos. Si se entró por los fundamentales de la empresa podría salirse cuando dichos fundamentales se deterioren gravemente, o más allá de lo que habíamos previsto. Si se entró por análisis técnico debe establecerse un stop-loss basado en la cotización. Los sectores más típicos son aerolíneas, fabricantes de automóviles, acereras, papeleras, y empresas relacionadas con las materias primas en general.

  • Small Caps: Las empresas pequeñas pueden llevar un ritmo distinto al de los grandes índices. En un mercado tan grande como el estadounidense casi siempre podrá encontrarse una pequeña empresa que vaya a tener una gran revalorización en los próximos meses o años, independientemente de lo que hagan los grandes índices. Incluso en años considerados malos para la Bolsa, con bajadas de los grandes índices de un 10 ó un 20% puede haber alguna empresa pequeña con revalorizaciones espectaculares. Estas revalorizaciones pueden deberse a la buena marcha del negocio de la empresa o a razones técnicas o especulativas. Para tomar las decisiones de compra y venta pueden utilizarse tanto el análisis técnico como el fundamental, aunque debe tenerse en cuenta que el análisis técnico está especialmente indicado para productos (acciones, bonos, futuros, etc.) muy líquidos y las pequeñas empresas suelen tener poca liquidez.

  • Reestructuraciones: Consiste en invertir en empresas que atraviesan por malos momentos, debido a la mala marcha del negocio, pleitos, catástrofes naturales, etc. En estas situaciones el balance y cuenta de resultados están muy deteriorados, por lo que la cotización llega a niveles muy bajos. En muchas ocasiones la empresa corre un riesgo alto de desaparecer. El análisis técnico y el fundamental no sólo no son excluyentes sino que es preferible combinarlos. En este tipo de situaciones es especialmente importante la combinación de ambos, ya que son situaciones en las que muchos inversores toman decisiones irracionales, tanto al alza, provocando fuertes rebotes en empresas que están casi abocadas a la desaparición, como a la baja, vendiendo a cualquier precio las acciones de empresas que tienen problemas pero es muy improbable que lleguen a desaparecer. Tambien es importante seguir muy de cerca las soluciones adoptadas para reflotar la empresa, ya que en ocasiones se da entrada a nuevos socios que aportan capital pero a cambio de reducir la participación de los antigüos accionistas en la empresa. Puede darse el caso de que ese nuevo capital reflote la empresa y vuelva a obtener beneficios pero sin embargo el valor de las antigüas acciones quede reducido en mayor o menor medida, llegando incluso a cero. En caso de que la inversión resulte un éxito las revalorizaciones suelen ser mucho mayores que la media del mercado, y las posiciones normalmente se mantienen durante años, ya que a una empresa no se le “da la vuelta” en dos días.

  • Inversión de valor: Este sistema es muy utilizado por los grandes inversores, como los fondos de capital riesgo. Tambien es utilizado por los bancos de negocios para valorar empresas en operaciones como fusiones, OPA’s, OPV’s, etc. Básicamente trata de determinar la calidad y cantidad de los recursos de una empresa, así como su potencial de generación de riqueza a largo plazo utilizando esos recursos. Intenta valorar el negocio de la empresa, no el precio futuro de sus acciones en el mercado de valores. Ignora los factores macroecómicos como PIB, tipos de interés, etc. Podría decirse que trata de determinar el valor que tendría la empresa si alguien lanzara una OPA sobre ella. Cuando se controla el 100% de una empresa se tienen muchas más opciones de las que tiene un inversor minoritario, como decidir la redistribución de los activos de la empresa, fusionarla con otras, dividirla en varias empresas más pequeñas, cambiar la actividad de la empresa, etc. La prima de control sobre el precio de mercado que se paga al realizar una OPA se debe a todas estas razones.
          Un pequeño inversor tambien puede utilizar esta estrategia para realizar sus inversiones. Para ello es necesario tener conocimientos del negocio de la empresa, contabilidad, legislación, etc. Con esta estrategia tendrá una cartera formada por empresas de alta calidad y bien financiadas, compradas a un precio barato desde el punto de vista fundamental. Las posiciones normalmente se mantienen durante muchos años. Suele venderse en caso de que los fundamentales de la empresa sufran un perjuicio permanente, se reciba una OPA o la empresa esté sobrevalorada, aunque la inversión de valor es mejor detectando empresas infravaloradas que sobrevaloradas. Por ejemplo, la inversión en empresas cíclicas en la parte baja del ciclo o las empresas en reestructuración con un buen balance son algunas de las situaciones que busca la inversión de valor.
      Puede aprender a invertir en Bolsa a largo plazo con los artículos de Bolsa


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